- Su vuelto – repitió el mesero dirigiéndose al par de señoritas frente a la barra, que sonreían de los comentarios que hacían entre ellas.
Ella extendió una mano que se detuvo bruscamente al percatarse del estado del billete.
- ¡Por favor cámbiemelo! – dijo fuertemente sin poder evitar que un gesto de repulsión apareciera en su rostro.
No sé si fue el comentario o la expresión lo que hizo dirigir mi mirada hacia al billete y grande fue mi sorpresa al percatarme que el motivo de su malestar era una mancha negra impregnada en él.
- ¡Perdone!, yo se lo cambio – le dije en un tono amable y esbozando una sonrisa, mientras sacaba rápidamente de mi billetera uno igual y en perfectas condiciones.
- Ah bueno, gracias – me respondió.
Me quede sentado en la barra con el billete manchado en mis manos, mientras las jóvenes se alejaban lentamente conversando y ajenas a lo que en mí pasaba. No, no me había equivocado era una mancha de grasa para autos.
¡Qué nostalgia! ¿Qué edad tendría cuando sucedió? ¿10 años? Tal vez 11, recuerdo que saque mi primer 20 en un examen y mi maestro había escrito una felicitación, fui corriendo al trabajo de mi padre, estaba debajo de un carro y al oírme llegar gritando desesperado se levanto rápidamente preocupado de que algo me pasara, pero al verme llegar con una hoja en mano me resondró por preocuparlo y luego tiernamente me dijo ¿Qué pasa hijo?
- ¡Mira! – le dije mientras extendía el examen frente a sus ojos y él lo leía sin poder sujetarlo pues sus manos estaban manchadas de grasa.
Al verlo esbozo una gran sonrisa y me abrazo cuidando no mancharme la ropa pero fue imposible, lo hizo y no pude evitar apartarlo molestándome por ello, “Mi mama me va castigar por ensuciar la ropa” le dije y él termino de reírse a carcajadas.
Tomó su billetera, saco un billete y me dijo: “Hijo cómprate ese juguete que tanto querías”, en un instante el billete desapareció de su mano, lo abrace y salí corriendo.
Aun recuerdo el billete que me dio lo había revisado camino a la tienda estaba manchado, mi padre no había podido evitar mancharlo al sacarlo de la billetera, era la grasa que se usaba en los carros, llegue a la tienda intentando limpiarlo, así que apenado le explique al vendedor y le pedí me disculpe por el estado del billete. Él me miró, sonrió y dijo: “Yo conozco a tu padre se que no ha sido su intensión mancharlo, pero no te sientas mal ni te avergüences, tu padre se gana el pan de cada día con esta grasa ¿no crees que es más bien motivo de sentirse orgulloso? No respondí nada me quede en silencio y salí de la tienda con mi juguete.
Hoy que este recuerdo me viene a la memoria confieso que hubiese preferido conservarlo, pero en fin, las cosas se llegan a valorar recién con el correr del tiempo.
Mi padre ha fallecido hace unos días, ¡Cómo te extraño viejo!, en casa de mi madre un espacio vacío que nunca se llenará, tan sólo queda aprender a vivir con él, a ser felices cada día viviendo con ese espacio y como me dice mi madre: “Tu padre podrá haber dejado un espacio vacío en casa pero lo más importante es que no lo dejo en nuestros corazones…”
Guardé el billete como si fuera un tesoro, como si fuese el mismo que un día tiempo atrás me diera mi padre, termine mi trago y me dirigí a la salida del bar mientras secaba las lágrimas que ya afloraban en mis ojos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario